El colectivo no es tan inteligente como el más inteligente de sus miembros, ni tampoco, gracias a dios, tan idiota como el más idiota. Sólo el individuo lo es (en ambos casos), y lo es a pesar y el contra de la comunidad de la que forma parte. Y, si bien ese colectivo es y ha sido el único instrumento de insurrección capaz de generar los más asombrosos avances sociales, no podemos decir lo mismo de los avances científicos o las grandes obras del arte, la música o la literatura. Es más, ni siquiera como generador de cambios sociales se vale por sí solo, como demostraron las últimas revueltas de París. Hizo falta un líder, un comité organizativo de individuos preparados, que saliera de las llamas y llevara el barco a su sitio. En su ausencia, las circunstancias de los amotinados han acabado peores de lo que eran antes de empezar, una pérdida para ellos y para todos. El colectivo trabaja con el mínimo común denominador, una cualidad que constituye su fortaleza pero también su enorme, terrible debilidad.
Interesantes artículos los que ha dedicado Marta Peirano primero al fenómeno editorial en torno a la llamada inteligencia colectiva y después a la inteligencia colectiva de la blogosfera. Leyendo los artículos, se nota cierto pensamiento "gassetiano" donde la sociedad debería estar regida por el liderazgo intelectual de los mejores, en una concepción jerárquico-intelectual. Sociedad en la que el gran peligro es que las elites intelectuales no sepan ejercer su liderazgo, y que las masas no tengan el ejemplo adecuado a seguir. Pensamiento con el que, por otro lado, estoy bastante de acuerdo. Parafraseando a Groucho Marx se podría decir que inteligencia colectiva son dos terminos contradictorios.




